PASADAS
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RECOMPOSICIóN 28 enero - 21 marzo, 2015
  • Ariadna (Serie Filóstrato)

    Ariadna (Serie Filóstrato), 2012

    Óleo sobre lienzo. 190 x 275 cm. 

  • Píndaro (tríptico)

    Píndaro (tríptico), 2012

    Óleo sobre lienzo, 180 x 320 cm.

  • Anfión (Serie Filóstrato)

    Anfión (Serie Filóstrato), 2012

    Óleo sobre lienzo. 160 x 200 cm.

  • Significante

    Significante, 2013

    Óleo sobre lienzo, 50 x 42 cm.

  • Retrato familiar

    Retrato familiar, 2013

    Óleo sobre lienzo, 190 x 150 cm.

  • La habitación de la protesta I

    La habitación de la protesta I, 2013

    Óleo sobre lienzo, 75 x 140 cm.

  • Pasífae (Serie Filóstrato)

    Pasífae (Serie Filóstrato), 2012

    Acuarela, 34 x 40 cm.

  • Coro de muchachas

    Coro de muchachas, 2012

    Acuarela, 34 x 40 cm.

  • Estudio de la representación

    Estudio de la representación, 2013

    Óleo sobre lienzo, 190 x 150 cm.

  • Pasífae (Serie Filóstrato)

    Pasífae (Serie Filóstrato), 2012

    Oleo sobre lienzo, 190 x 275 cm.

  • Narciso. Serie Filóstrato

    Narciso. Serie Filóstrato, 2013

    Óleo sobre lienzo, 190 x 275 cm.

  • Vista de la exposición

    Vista de la exposición, 2015

  • Vista de la exposición

    Vista de la exposición, 2015

  • Vista de la exposición

    Vista de la exposición, 2015

  • Vista de la exposición

    Vista de la exposición, 2015

  • Vista de la exposición

    Vista de la exposición, 2015

HOJA DE SALA

Ivana de Vivanco aborda cuestiones y problemas de la disciplina pictórica para muchos hace tiempo periclitados. El proyecto resulta de un debate sobre el sentido de hacerlo en nuestros días. Para ello recompone aquellas obras descritas por Filóstrato en sus Imágenes, una vez estudiadas la tradición mítica y artística, analizando los mitos presentes en ellas, diseccionándolos  y reestructurándolos, deconstruyéndolos, tensionando al máximo la articulación entre lenguaje pictórico y contenido. Mediante un alarde de  estrategia en los planteamientos y de todo un ejercicio de estilo, demuestra su total vigencia, hilvanado un relato  que sitúa aquello que fue fruto de la Antigüedad en un contexto de dialogo ininterrumpido con la Historia del Arte, al tiempo que, con el lenguaje  en absoluto actual que surge de una relectura al filo de la irreverencia, encuentra  interlocutores contemporáneos para una propuesta de  debate sobre nuestro mundo desde aquellos significados que lo cuestionan.

Son dos los motivos en torno a los que se desarrolla la exposición. Por un lado, la relación entre palabra escrita e imagen y por otro la validez del espacio íntimo, lo doméstico, como paisaje o escenario válido para las mas variadas situaciones.

La elección de las Imágenes de Filóstrato se justifica por su condición de paradigma de écfrasis, una de las primeras que gozaron de completa autonomía respecto a otros géneros, y por tener el mito como objeto del ejercicio descriptivo. El autor sitúa las obras que describe en una supuesta galería napolitana, abierta al Tirreno, por la que pasea acompañado del hijo de un amigo, el destinatario de su relato y del conocimiento en él implícito, ya que no es otra sino la paideia el fin último de este corpus sobre iconografía mitológica de la Antigüedad. Aparte del testimonio que nos deja sobre la existencia, también documentada en otros textos, del coleccionismo en etapa tan temprana de la civilización occidental, es en su estructura comunicativa articulada en varios niveles, según la interesante tesis de Susana M. Lezcano, donde converge con la propia estructura de comunicación del mito en la cual radica su validación en cuanto habla. Para R. Barthes: como habla, la mitología no es más que un fragmento de esa vasta ciencia de los signos que Saussure postuló hace unos cuarenta años bajo el nombre de semiología. Así, una buena parte de la investigación contemporánea vuelve al problema de la significación: el psicoanálisis, el estructuralismo, la psicología eidética, algunas nuevas tentativas de crítica literaria de las que Bachelard es el ejemplo, sólo se interesan en estudiar el hecho en la medida en que significa. Barthes establece un esquema tridimensional: el significante, el significado y el signo, con dos sistemas o niveles. Los soportes del habla mítica, por muy distintos que sean: narrativa, poesía, fotografía, pintura, escultura…, se reducen a una pura función significante. Así, es la significación, ubicada en el segundo sistema, donde confluyen forma y concepto, y en última instancia la portadora del mensaje.

La centralidad del tema de la relación entre palabra e imagen, pintura y poesía, se corresponde con la ubicación del tríptico Píndaro, que glosa el nacimiento del gran poeta griego en la casa de su padre, a donde acudieron las abejas para untarle de miel la boca. Pero las dos telas pequeñas, Filóstrato y el niño y Significant, son puntos cruciales por la información que ofrecen. Las otras piezas de la serie, las telas Ariadna y Anfión y las acuarelas, Coro de muchachas y Pasiphae, vienen a corroborar cómo el mito encierra en si mismo la sincronía y la diacronía, según formuló Levi Strauss, precisamente en esa significación que lo convierte en portador de mensajes contemporáneos en cada momento, útiles para corregir o disimular disimetrías estructurales a través de su mediación lógica, o para resolver problemas sociológicos o psicológicos por el privilegio de ser el espacio donde el espíritu humano se abandona enteramente a su espontaneidad creadora.

El espacio íntimo, reducto donde se dirimen los traumas personales y familiares, enfatizado con la presencia reiterada de unos desnudos escultóricos, a veces sin desvestir del todo, circunstancia que intensifica la desnudez, es violentado al convertirse en escenario de situaciones inexplicables por su cripticidad o por ser impropias de ese ámbito, y con la concurrencia de personajes ajenos a su naturaleza. Las escenas de interiores abigarrados, no al uso, incorporando elementos desubicados, componen una especie de atrezzo, en medio del cual los personajes parecen hacer una pausa durante el ensayo o representación de una obra del Teatro del Absurdo. La condición humana en sus múltiples vertientes parece aflorar en estas complejas composiciones corales donde incoherencia y lógica son compatibles. Paisajes domésticos, jalonados de tantos hitos como elementos portadores de signos requiere el mensaje en clave de los significados. La escena se desenvuelve en una atmósfera densa, apenas iluminada puntualmente por una bombilla o lámpara, preservando una intimidad, que, una vez mas, es vulnerada por la luz natural que súbitamente penetra por el fondo desde otra estancia. El gusto por las calidades y el énfasis puesto en ciertos elementos como cortinas, suelos o papeles pintados; la presencia insistente de televisores de tubo, lámparas de sobremesa, lavabos y espejos con personajes reflejados; lo anecdótico encarnado en los animales o lo simbólico que lo está en los cráneos, emblema de la fugacidad de la vida, apócope de la vánitas… Todo ello para reforzar la intertextualidad y diacronía en el discurso y en una forma que remite tanto a los primitivos flamencos como al Barroco español o al realismo crítico del siglo XX, pasando por Matisse, Freud, Rego o Balthus.

Hermeneútica de la que participamos junto a esos personajes pequeños, niños en diferentes estadíos de madurez, a juzgar por sus rostros mas o menos infantiles, cuya mirada cómplice delata la iniciación.

 

IH







 

© 2011 Isabel Hurley